Skip to main content

Sociedades científicas piden reforzar la prevención desde la atención primaria y la farmacia

El déficit de vitamina D se ha convertido en una de las preocupaciones emergentes en salud pública en Europa. A pesar de la percepción general de que la exposición solar garantiza niveles adecuados, diversos estudios recientes indican que una parte significativa de la población presenta valores por debajo de lo recomendado.

Especialistas en endocrinología y nutrición coinciden en que el problema no deja de crecer, impulsado por cambios en el estilo de vida, como la menor exposición al sol, el envejecimiento poblacional y el aumento del trabajo en interiores. En países como España, tradicionalmente asociados a altos niveles de radiación solar, los datos también reflejan esta tendencia.

“La idea de que vivir en un país soleado protege frente al déficit es cada vez más cuestionable”, señalan fuentes clínicas, que insisten en la necesidad de medir los niveles en grupos de riesgo.

Impacto más allá del hueso

Aunque históricamente se ha vinculado la vitamina D con la salud ósea, en los últimos años ha ganado relevancia su papel en el sistema inmunitario y la función muscular. Esto ha llevado a ampliar el foco clínico y a considerar sus niveles como un indicador más del estado general de salud.

El déficit se observa con mayor frecuencia en personas mayores, pacientes con patologías crónicas y colectivos con baja exposición solar. También preocupa su presencia en mujeres posmenopáusicas, donde puede agravar el riesgo de osteoporosis.

Ante esta situación, distintas sociedades europeas han actualizado sus guías, apostando por una mayor individualización en la suplementación. Los expertos defienden que no basta con recomendar vitamina D de forma generalizada, sino que es necesario adaptar las dosis a cada paciente.

En este sentido, se está reforzando la recomendación de realizar determinaciones analíticas en personas con mayor riesgo antes de iniciar tratamientos prolongados.

Un problema que seguirá en el foco

En paralelo, la farmacia comunitaria está asumiendo un papel cada vez más relevante en la detección precoz de posibles déficits. Su accesibilidad y cercanía la convierten en un punto estratégico para identificar síntomas inespecíficos, orientar al paciente y derivar cuando es necesario.

El consejo farmacéutico se centra no solo en la suplementación, sino también en la promoción de hábitos saludables que favorezcan niveles adecuados, como la exposición solar moderada y la alimentación equilibrada.

Los especialistas coinciden en que el déficit de vitamina D seguirá siendo objeto de atención en los próximos años. El reto pasa ahora por mejorar el diagnóstico precoz y evitar tanto la infradetección como la suplementación indiscriminada, apostando por un abordaje más preciso y personalizado.

Recuerda que una exposición solar correcta conlleva el uso de protectores de factor alto, especialmente en el inicio de la primavera. Si tienes dudas, consúltanos