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Dos de cada tres personas no lo utilizan pese a ser  básico para prevenir el envejecimiento cutáneo y el cáncer de piel

La fotoprotección continúa siendo una de las grandes asignaturas pendientes en salud preventiva. Aunque su uso está ampliamente recomendado, la realidad demuestra que todavía no forma parte de la rutina diaria de la mayoría de la población. De hecho, distintos estudios señalan que cerca del 67% de los españoles utiliza protector solar solo en verano o en situaciones puntuales de alta exposición, una tendencia que también se reproduce en Euskadi.

Desde la farmacia Jon Uriarte Temprano se insiste en una idea clave: “El protector solar no es un cosmético estacional, sino una herramienta de salud que debería integrarse en el día a día, igual que otros hábitos preventivos”. Esta visión conecta con la evidencia científica más reciente, que apunta a un incremento sostenido de los casos de cáncer de piel en Europa en las últimas décadas, en gran parte relacionado con la exposición acumulativa a la radiación ultravioleta.

Radiación solar: un riesgo constante, también en el norte

Uno de los errores más extendidos es asociar el daño solar exclusivamente a los meses de verano o a días despejados. Sin embargo, la radiación ultravioleta está presente durante todo el año. Los rayos UVA, responsables en gran medida del envejecimiento cutáneo, atraviesan las nubes y actúan incluso en jornadas grises o lluviosas, habituales en el clima atlántico.

Esta falsa sensación de seguridad es especialmente relevante en Euskadi, donde la menor intensidad solar no implica menor riesgo. Actividades cotidianas como pasear, conducir o practicar deporte al aire libre suponen una exposición continua que, con el tiempo, se traduce en manchas, pérdida de elasticidad y daño celular acumulativo.

Otro de los grandes problemas en fotoprotección es la diferencia entre la eficacia teórica del producto y su uso real. El SPF (factor de protección solar) se calcula en condiciones de laboratorio aplicando una cantidad de producto muy superior a la que emplea la mayoría de los usuarios.

En la práctica, se estima que se aplica entre un 25% y un 50% de la cantidad recomendada. “Un SPF 50 mal aplicado puede comportarse como un SPF mucho más bajo”, comenta Jon Uriarte. “Por este motivo, se recomienda optar por factores altos como margen de seguridad, especialmente en pieles claras o con antecedentes dermatológicos”.

Errores frecuentes que reducen la protección

Más allá de la elección del producto, el comportamiento del usuario es determinante. Entre los fallos más habituales destacan la falta de reaplicación cada dos o tres horas, el uso insuficiente de producto o el olvido de zonas clave como orejas, cuello, labios o manos.

También es frecuente confiar únicamente en el maquillaje con SPF, que rara vez se aplica en cantidad suficiente para garantizar una protección eficaz. A esto se suma la tendencia a prolongar la exposición solar bajo una falsa sensación de seguridad.

Mientras que la radiación UVB está vinculada a las quemaduras, los rayos UVA penetran más profundamente en la piel y son los principales responsables del fotoenvejecimiento. Por ello, es fundamental elegir productos de amplio espectro que garanticen protección frente a ambos tipos de radiación.

El etiquetado europeo (símbolo UVA en círculo) o clasificaciones como PA+++ o PA++++ ayudan a identificar productos que cumplen estos estándares. Además, los avances en formulación han permitido el desarrollo de filtros más estables y eficaces, mejorando la protección a largo plazo.

Uno de los factores más determinantes —y a menudo olvidado— es la adherencia. “El mejor fotoprotector es el que se usa todos los días”, señalan desde la farmacia. “En este sentido, la textura juega un papel fundamental: fórmulas ligeras para pieles grasas, cremas más nutritivas para pieles secas o productos específicos para pieles sensibles”.

La comodidad de uso influye directamente en la constancia, especialmente en entornos urbanos donde la exposición es menos evidente pero continua.

Un reto cultural en salud pública

A pesar del conocimiento general sobre los riesgos del sol, existe una clara brecha entre lo que la población sabe y lo que realmente hace. El reto ya no es solo informar, sino lograr un cambio de hábitos que incorpore la fotoprotección como un gesto automático.

“Aplicar protector solar cada mañana, incluso en días nublados, y combinarlo con otras medidas —como gafas de sol, sombra o ropa adecuada— puede marcar una diferencia significativa a largo plazo”, puntualiza Jon Uriarte

En un contexto donde la prevención cobra cada vez más importancia, la fotoprotección se consolida como una estrategia sencilla, accesible y altamente eficaz. El desafío ahora es convertirla en rutina.