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Viajar con un tratamiento tiene más complicaciones de las que parece

Cada verano, miles de personas con enfermedades crónicas se enfrentan a una logística que va mucho más allá de hacer la maleta: cómo conservar la insulina sin que se eche a perder, si los ansiolíticos pasarán el control del aeropuerto sin problemas, si el ibuprofeno de siempre puede combinarse con el sol de la playa. Son preguntas con respuesta, y conocerla antes de salir de casa puede evitar sustos que arruinen las vacaciones. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) actualiza cada temporada sus recomendaciones para el transporte y la conservación de fármacos en verano, y tanto AENA como la normativa europea contemplan excepciones específicas para los viajeros con tratamientos crónicos. Lo que no siempre se sabe es cómo aplicar todo eso a la realidad del viaje.

Lo que el calor hace a tu medicación

El calor no solo incomoda a las personas; también altera la composición química de muchos remedios, reduciendo su eficacia o modificando sus propiedades sin que nos demos cuenta. Por ello, la  AEMPS distingue tres rangos de conservación: medicamentos que deben mantenerse entre 2 y 8 grados, como la insulina o ciertas vacunas; los que aguantan hasta 25 grados; y los que toleran hasta 30 grados.

Cuando uno que debería estar en nevera permanece varias horas a 35 o 40 grados, su eficacia se reduce de forma significativa, aunque el envase tenga el mismo aspecto de siempre. Las cremas, supositorios y óvulos son especialmente sensibles: si su textura o color han cambiado al abrir el tubo o blister, no deben utilizarse.

Lo más peligroso es no saber cuándo ha dejado de ser fiable. El maletero de un coche aparcado al sol puede superar fácilmente los 60 grados en verano; la guantera ronda los 45; y la mochila en la playa no está mucho mejor.

La AEMPS recomienda transportar siempre en el habitáculo del vehículo, dentro de una bolsa opaca, alejada de la exposición directa a la luz y guardarla en el alojamiento en un lugar fresco y seco, lejos de aparatos eléctricos, ventanas soleadas y baños con humedad.

Para los que requieren cadena de frío, la solución son las neveras portátiles con acumuladores de temperatura regulada, teniendo en cuenta que los estos nunca deben estar en contacto directo con el fármaco para evitar congelarlo.

Medicamentos con problemas al sol

Hay un grupo de medicinas que no solo se ven afectados por el calor sino también por la exposición solar, y que en verano merecen una atención especial.

 Se trata de medicamentos que amplifican el efecto de la radiación ultravioleta sobre la piel, provocando reacciones que van desde quemaduras severas hasta erupciones o manchas duraderas con exposiciones que de otro modo serían completamente inofensivas. Entre los más habituales están algunos antibióticos (especialmente las tetraciclinas y las quinolonas), antihipertensivos, diuréticos, antiinflamatorios no esteroideos como el ibuprofeno, antidepresivos, anticonceptivos orales y ciertos tratamientos para el acné.

Pero la fotosensibilidad no es el único riesgo. Tratamientos crónicos para la hipertensión, la diabetes o las enfermedades cardiovasculares dificultan la regulación de la temperatura corporal o favorecen la deshidratación, lo que en plena ola de calor puede derivar en mareos, bajadas de tensión o síntomas similares a los de un golpe de calor.

En Farmacia Jon Uriarte podemos revisar contigo tu medicación habitual antes de las vacaciones y explicarte qué señales de alerta debes vigilar, qué protector solar es más adecuado si tomas medicación fotosensibilizante y si hace falta ajustar algo en la pauta durante los meses de calor.

Viajar en avión con medicación crónica

La normativa europea permite viajar desde cualquier aeropuerto de la Unión Europea con medicamentos para uso personal, tanto en el equipaje de mano como en el facturado, aunque las autoridades sanitarias y aeroportuarias recomiendan portarlos siempre en la cabina para evitar las temperaturas extremas de la bodega y tenerlos a mano en caso de necesitarlos durante el vuelo.

 Los medicamentos líquidos están exentos de la regla general de los 100 ml cuando son de uso médico necesario para el viaje, pero deben sacarse del equipaje y presentarse por separado en el control de seguridad. Trasladarlos en su envase original, con la etiqueta y el prospecto, facilita enormemente ese proceso.

Quienes toman fármacos catalogados como psicotrópicos o estupefacientes, como ciertos ansiolíticos, antidepresivos o analgésicos de alta potencia, deben llevar además un certificado médico que especifique el diagnóstico, la receta, la dosis diaria y la duración del tratamiento, preferiblemente con el sello del colegio de médicos correspondiente.

La AEMPS actualiza periódicamente su página sobre medicamentos destinados a viajeros, y consultarla antes de salir es muy recomendable para disipar dudas.

 Si el destino es un país fuera de la Unión Europea, conviene verificar también si alguno de ellos está sujeto a restricciones en el país de llegada, ya que las legislaciones varían considerablemente.

Cuánta medicación y cómo organizarla

Una regla básica que se incumple con más frecuencia de lo que parece: transportar siempre medicación suficiente para toda la duración del viaje más un margen de al menos una semana adicional, por si el regreso se retrasa, se pierde el equipaje o se rompe algún envase.

Los fármacos deben guardarse en sus cajas originales, con el prospecto, porque contienen los datos de lote, caducidad y condiciones de conservación que pueden ser necesarios en una urgencia médica en destino. Sustituirlos por pastilleros genéricos para «ahorrar espacio» parece una buena idea hasta que hay que demostrar en una farmacia extranjera qué se está tomando exactamente.

Conviene también llevar anotado, en papel y en el móvil, el nombre genérico de cada uno además del nombre comercial, el nombre y teléfono del médico prescriptor y un breve resumen del historial médico relevante. En caso de pérdida o rotura, el nombre genérico es lo que permite a cualquier farmacia del mundo buscar un equivalente. Y si el tratamiento incluye jeringas o agujas, hay que trasladar un contenedor rígido para residuos punzantes, ya que tirarlos en una papelera de aeropuerto o de hotel puede estar prohibido y generar problemas.