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El golpe de calor puede ser mortal, por eso, estos son los síntomas que no debes ignorar

Cada año, entre junio y septiembre, las urgencias veterinarias por golpe de calor se multiplican en España. No son casos aislados: según el Colegio Oficial de Veterinarios de Madrid, la tasa de mortalidad por esta causa puede alcanzar el 50% si no se actúa con rapidez, y la Real Sociedad Canina de España (RSCE) ha vuelto a lanzar una alerta específica estos meses de 2026 ante el riesgo que el calor extremo supone para los animales de compañía. Perros y gatos no sudan como los humanos: regulan su temperatura principalmente a través del jadeo y, en menor medida, por las almohadillas de sus patas. Cuando el calor supera su capacidad de autorregulación, la temperatura corporal puede dispararse por encima de los 41 grados y desencadenar un fallo multiorgánico en cuestión de minutos. Saber reconocer los primeros síntomas y actuar antes de llegar al veterinario puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte de la mascota.

Señales que piden actuar

El jadeo intenso y continuado, incluso cuando el animal está en reposo, es habitualmente la primera señal de que algo va mal. A medida que el cuadro avanza aparecen otros síntomas: salivación excesiva, encías y lengua de color rojo muy intenso, decaimiento repentino, dificultad para caminar o pérdida de coordinación, vómitos y, en los casos más graves, temblores o pérdida de conciencia. En los gatos, la respiración con la boca abierta es una señal especialmente grave, ya que es un mecanismo al que recurren solo en situaciones de emergencia. Ante cualquiera de estos síntomas, se debe actuar de inmediato.

Los primeros auxilios antes de llegar al veterinario son sencillos pero determinantes. Lo primero es trasladar al animal a un lugar ventilado y con sombra o aire acondicionado. A continuación, hay que refrescar su cuerpo con agua a temperatura ambiente, nunca fría ni con hielo directamente, prestando especial atención a la cabeza, el cuello, las axilas, el abdomen y las almohadillas. Si puede beber, se le ofrecerá bebida en pequeñas cantidades y sin forzarle. Lo que no debe hacerse en ningún caso es envolverlo en toallas húmedas, ya que retienen más temperatura en lugar de disiparla. Darle medicación humana para bajar la fiebre también es un error. La atención veterinaria urgente es imprescindible incluso si parece mejorar, porque los daños internos pueden no ser visibles de inmediato.

Las mascotas más vulnerables

No todos tienen el mismo riesgo. Las razas braquicéfalas, es decir, aquellas con el hocico corto y las vías respiratorias estrechas, son las más expuestas: bulldogs, carlinos, bóxers, shih tzus y boston terriers en perros, y persas y exóticos en gatos, tienen una capacidad de jadeo muy limitada que les impide disipar el calor con eficacia. Las mascotas de edad avanzada, los cachorros, los que tienen sobrepeso o los que padecen enfermedades cardiacas o respiratorias previas también forman parte de los grupos con mayor probabilidad de sufrir complicaciones graves.

Aun así, ningún animal está completamente a salvo. Según alertas veterinarias recogidas este verano, basta un paseo de pocos minutos en las horas centrales del día o quedarse encerrado en un coche, aunque sea brevemente, para que la temperatura corporal se dispare. El interior de un vehículo estacionado al sol puede alcanzar entre 10 y 20 grados más que la temperatura exterior en apenas cinco minutos, convirtiendo el interior  en una trampa mortal. Esta sigue siendo, según los expertos, la causa más frecuente en temporada de calor.

Errores que agravan la situación

Uno de los malentendidos más comunes entre los propietarios es creer que rapar a los perros de pelo largo les ayuda a pasar menos calor. La realidad es la contraria: el manto actúa como un aislante natural que protege tanto del frío como de las altas temperaturas, y eliminarlo deja la piel expuesta a las quemaduras solares. Lo que sí ayuda es mantenerlo limpio, cepillado y libre de fibras capilares muertas para que cumpla correctamente su función. Otro error habitual es no comprobar la temperatura del asfalto antes de salir a pasear. La prueba más sencilla consiste en apoyar el dorso de la mano sobre el pavimento durante cinco segundos. Si no es posible soportar la temperatura ese tiempo, el suelo está demasiado caliente para las almohadillas del perro y puede provocarles quemaduras graves en pocos pasos.

También conviene evitar que los perros que usan bozal lleven modelos que impidan abrir la boca completamente, ya que el jadeo es su principal mecanismo de refrigeración. El Ministerio de Derechos Sociales recomienda, en su guía de protección animal publicada este verano, optar en esos casos por modelos de cesta amplios que le permitan abrir la boca con libertad. En Farmacia Jon Uriarte contamos con una sección de veterinaria donde podemos orientarte sobre productos específicos para el cuidado de las almohadillas, protectores solares aptos para ellos y suplementos de hidratación para mascotas.

Prevenir del golpe día a día

La prevención empieza por adaptar los horarios. Los paseos deben realizarse antes de las diez de la mañana o después de las ocho de la tarde, cuando el pavimento se ha enfriado y la intensidad solar ha bajado. Durante el resto del día, el animal debe disponer siempre de agua renovada con frecuencia y de un espacio con sombra y ventilación, evitando terrazas o jardines sin protección en las horas de mayor exposición. En casa, conviene permitir que se desplace libremente hacia las zonas más protegidas y no confinarlo en espacios cerrados sin circulación de aire.

La hidratación constante es el factor preventivo más importante. Si la mascota pasa tiempo al aire libre o hace ejercicio, llevar siempre agua y un bebedero portátil es imprescindible. Algunos veterinarios recomiendan también los tapetes refrescantes, alfombrillas diseñadas para absorber el calor corporal y mantener su temperatura corporal más baja sin necesidad de bebida ni electricidad. El cepillado frecuente, especialmente en razas de pelo largo o doble capa, contribuye a eliminar las fibras muertas y favorece la ventilación de la piel. Con medidas sencillas y una atención activa a las señales del animal, la gran mayoría de situaciones de mayor riesgo son completamente evitables.