Tres retos de septiembre que también se resuelven en la farmacia
Con la reincorporación a las aulas llegan también tres problemas clásicos de esta época del año: los piojos, el peso de la mochila y el llamado síndrome postvacacional, que afecta tanto a los más pequeños como a los adultos que retoman la rutina laboral. Ninguno de los tres es grave si se aborda a tiempo, pero conviene conocer qué dice la evidencia disponible antes de improvisar soluciones.
Piojos: cómo se contagian y cómo se tratan bien
Los piojos no saltan ni vuelan; se transmiten por contacto directo cabeza con cabeza o al compartir gorros, peines, gomas de pelo o toallas, algo habitual en aulas, comedores y actividades extraescolares. Afectan aproximadamente a entre el 5% y el 20% de los escolares en algún momento del curso, y ni la higiene ni la longitud del cabello son factores determinantes: cualquier niño puede contagiarse.
La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) recomienda un protocolo sencillo pero que conviene seguir al pie de la letra: aplicar un producto pediculicida siguiendo estrictamente las instrucciones de uso, pasar después una lendrera de púas finas sobre el cabello húmedo, y repetir la aplicación a los 7-10 días para eliminar los piojos que pudieran haber nacido de liendres supervivientes. Es importante no mezclar productos distintos entre sí y no aplicar pediculicidas de forma preventiva “por si acaso”: solo deben usarse cuando se confirme la presencia de piojos vivos o liendres.
Como prevención, ayuda revisar la nuca y detrás de las orejas con regularidad, llevar el pelo largo recogido en el colegio y enseñar a los niños a no compartir objetos de uso personal. En caso de reinfestaciones frecuentes existen repelentes específicos que pueden usarse de forma puntual.
Mochilas: el peso importa más de lo que parece
La Asociación Española de Pediatría establece que una mochila no debería superar el 10% del peso corporal del niño; por ejemplo, un escolar de 30 kg no debería cargar más de 3 kg. Superar ese límite de forma habitual se traduce en dolor lumbar y dorsal, fatiga muscular y alteraciones de la postura y la marcha que, mantenidas en el tiempo, pueden derivar en problemas más serios. De hecho, según datos de la Fundación Kovacs, hasta el 50% de los niños y el 70% de las niñas menores de 15 años han sufrido dolor de espalda en algún momento, siendo el peso excesivo de la mochila uno de los factores implicados.
Algunas medidas sencillas ayudan a reducir el riesgo: usar mochilas con ambos tirantes anchos y acolchados (nunca en bandolera), ajustar la altura para que quede pegada a la espalda y no por debajo de la cintura, y revisar cada mañana qué es realmente necesario llevar. En casos de sobrecarga habitual, las mochilas con ruedas pueden ser una alternativa razonable.
Fatiga postvacacional: pasa, pero se puede acompañar
El síndrome postvacacional no es una enfermedad, sino una reacción adaptativa normal ante el cambio brusco de rutina: cansancio, apatía, irritabilidad, dificultad de concentración o alteraciones del sueño son los síntomas más habituales, tanto en niños que vuelven al colegio como en adultos que retoman el trabajo. Lo habitual es que mejore en pocos días; si el malestar se prolonga más de dos semanas o interfiere de forma clara en el día a día, conviene consultar con un profesional.
Recuperar progresivamente los horarios de sueño antes de la vuelta, no acumular todas las obligaciones en los primeros días y mantener algún hueco para el descanso y el ocio facilita bastante la transición.
En Farmacia Jon Uriarte disponemos de pediculicidas y lendreras para el tratamiento correcto de los piojos, así como asesoramiento en nuestra sección de ortopedia para elegir una mochila adecuada. Si tienes dudas sobre cualquiera de estos tres temas, puedes consultarnos sin cita previa.




